“EL PERFUME” (fragmentos), Patrick Süskind

Patrick Süskind (1949), escritor y guionista de cine alemán.

“El perfume. Historia de un asesino” (1985).

” (…) nacido sin olor en el lugar más nauseabundo de la Tierra, en medio de basura, excrementos y putrefacción, criado sin amor, sobreviviendo sin el calor del alma humana y sólo por obstinación y la fuerza de la repugnancia, bajo, encorvado, cojo, feo, despreciado, un monstruo por dentro y por fuera… “.

” Daba la impresión de ser un hombre tan cansado de la vida que ni siquiera deseaba vivir despierto las últimas horas de su existencia. (…) Estaba tan lleno de repugnancia, de asco hacia el mundo y hacia sí mismo, que no podía llorar “.

 

© 2013. Todos los derechos reservados por Maka. "Perfume".

© 2013. Todos los derechos reservados por Maka. “Perfume”.

 

” Lo que codiciaba era la fragancia de ciertas personas: aquellas, extremadamente raras, que inspiran amor (…).

Amaba la fragancia. Sólo a ella y nada más y únicamente como su futura y propia fragancia “.

Maka

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“LAS TRAMPAS DEL TIEMPO”, Eduardo Galeano

Sentada de cuclillas en la cama, ella lo miró largamente, le recorrió el cuerpo desnudo de la cabeza a los pies, como estudiándole las pecas y los poros, y dijo:

–Lo único que te cambiaría es el domicilio.

Y desde entonces vivieron juntos. Fueron juntos, y se divertían peleando por el diario a la hora del desayuno, y cocinaban inventando y dormían anudados.

Ahora este hombre, mutilado de ella, quisiera recordarla como era. Como era cualquiera de las que ella era, cada una con su propia gracia y poderío, porque esa mujer tenía la asombrosa costumbre de nacer con frecuencia.

© 2013. Todos los derechos reservados por Maka. "Ella".

© 2013. Todos los derechos reservados por Maka. “Ella”.

Pero no. La memoria se niega. La memoria no quiere devolverle nada más que ese cuerpo helado donde ella no estaba, ese cuerpo vacío de las muchas mujeres que fue.

Eduardo Galeano (1940-2015), periodista y escritor uruguayo. El texto “Las trampas del tiempo” pertenece a su libro “Bocas del tiempo” (2004).

Maka

“LA TUMBA”, Robert Blair

“The Grave” (1743)

Robert Blair (1699-1746), poeta escocés perteneciente al grupo conocido como Graveyard Poets, considerados los precursores del género gótico.

© 2013. Todos los derechos reservados por Maka. "Tumba".

© 2013. Todos los derechos reservados por Maka. “Tumba”.

Mientras algunos sufren el sol, otros la sombra,

Unos huyen a la ciudad, otros a la ermita;

Sus objetivos son tantos como los caminos que toman

En la jornada de la vida; y esta tarea es la mía:

Pintar los sombríos horrores de la tumba;

El lugar designado para la cita,

Donde todos estos peregrinos se encuentran.

¡Tu socorro imploro, Rey Eterno! cuyo brazo

Fuerte sostiene las llaves del infierno y la muerte,

De aquella cosa temible, La Tumba.

Los hombres tiemblan cuando Tú los convocas:

La Naturaleza horrorizada se despoja de su firmeza

¡Ah, Cuán oscuros son tus extensos reinos,

Creciendo largo tiempo en deshechos pesarosos!

Donde sólo reina el silencio y la noche, la oscura noche,

Oscura como lo era el caos antes de que el sol

Comenzara a rodar, o de que sus rayos intentaran

Azotar la penumbra de tu profundidad.

La vela enferma, resplandeciendo tenuemente

A través de las bajas y brumosas bóvedas,

(Acariciando el lodo y la humedad mohosa)

Deja escapar un horror inabarcable,

Y sólo sirve para hacer tu noche más funesta.

Bien te conozco en la forma del Tejo,

¡Árbol triste y maligno! Que adora habitar

Entre los cráneos y ataúdes, epitafios y gusanos:

Donde rápidos fantasmas y sombras visionarias,

Bajo la pálida, fría luna (como es bien sabido)

Encapuchados realizan sus siniestras rondas,

¡Ninguna otra alegría tienes, árbol embotado!

Observad aquel santo templo, la piadosa labor

De nombres una vez célebres, ahora dudosos u olvidados,

Enterrados en la ruina de las cosas que fueron;

Allí yace sepultado el muerto más ilustre.

¡Escuchad, el viento se alza! ¡Escuchad cómo aulla!

Creo que nunca escuché un sonido tan triste:

Puertas que crujen, ventanas agitadas,

Y el pájaro hediondo de la noche,

Estafado en las espinas, gritando en los pasos sombríos

Su ronda negra y rígida, colgando

Con los fragmentos de escudos y armas andrajosas,

Enviando atrás sus sonidos, cargando el aire pesado

De los nichos bajos, las Mansiones de los muertos.

Despertados de sus sueños, las duras y severas filas

De espantosos espectros se movilizan,

Sonrisa horrible, obstinadamente malhumorados,

Pasan y vuelven a pasar, veloces como el paso de la noche.

¡Otra vez los chillidos del búho! ¡Canto sin gracia!

No escucharé más, pues hace que la sangre fluya helada.

Alrededor del túmulo, una fila de venerables olmos

Enseñan un espectáculo desigual,

Azotados por los rudos vientos; algunos

Desgarran sus grietas, sus troncos añejos,

Otros pierden vigor en sus copas, tanto

Que ni dos cuervos pueden habitar el mismo árbol.

Cosas extrañas, afirman los vecinos, han pasado aquí;

Gritos salvajes han brotado de las fosas huecas;

Los muertos han venido, han caminado por aquí;

Y la gran campana ha sonado: sorda, intacta.

(Tales historias se aclaman en la vigilia,

Cuando se acerca la encantada hora de la noche).

A menudo, en la oscuridad, he visto en el camposanto,

A través de la luz nocturna que se filtra por los árboles,

Al muchacho de la escuela, con sus libros en la mano,

Silbando fuerte para mantener el ánimo,

Apenas inclinándose sobre las largas piedras planas,

(Con el musgo creciendo apretado, con ortigas bordadas)

Que hablan de las virtudes de quien yace debajo.

Repentinamente él comienza, y escucha, o cree que escucha;

El sonido de algo murmurando en sus talones;

Rápido huye, sin atreverse a una mirada atrás,

Hasta que, sin aliento, alcanza a sus compañeros,

Que se reúnen para oír la maravillosa historia

De aquella horrible aparición, alta y pavorosa,

Que camina en la quietud de la noche, o se alza

Sobre alguna nueva tumba abierta; y huye (¡cosa asombrosa!)

Con la melodía evanescente del gallo.

También a la nueva viuda, oculto, he vislumbrado,

¡Triste visión! Moviéndose lenta sobre el postrado muerto:

Abatida, ella avanza enlutada en su pena negra,

Mientras mares de dolor borbotean de sus ojos,

Cayendo rápido por las mejillas frágiles,

Nutriendo la humilde tumba del hombre amado,

Mientras la atribulada memoria se atormenta,

En bárbara sucesión, reuniendo las palabras,

Las frases suaves de sus horas más cálidas,

Tenaces en su recuerdo: Todavía, todavía ella piensa

Que lo ve, y en la indulgencia de un pensamiento cariñoso

Se aferra aún más al césped insensato,

Sin observar a los caminantes que por allí pasan.

¡Tumba injusta! ¿cómo puedes separar, desgarrar

A quienes se han amado, a quienes el amor hizo uno?

Un lazo más obstinado que las cadenas de la Naturaleza.

¡Amistad! el cemento misterioso del alma,

Endulzador de la vida, unificador de la sociedad,

Grande es mi deuda. Tú me has otorgado

Mucho más de lo que puedo pagar.

A menudo he transitado los trabajos del amor,

Y los cálidos esfuerzos de un corazón apacible,

Ansioso por complacer. ¡Oh, cuando mi amigo y yo,

Sobre alguna gruesa madera vaguemos desatentos,

Ocultos al ojo vulgar, sentados sobre el banco

Inclinado cubierto de prímulas!,

Donde la corriente límpida corre a lo largo

De aquella grata marea bajo los árboles,

Susurrando suave, se oye la voz aguda del tordo,

Reparando su canción de amor; el delicado mirlo

Endulza su flauta, ablandando cada nota:

El escaramujo olía más dulce, y la rosa

Asumía un tinte más profundo; mientras cada flor

Competía con su vecina por la lujuria de sus ropas;

¡Ah, entonces el día más largo del verano

Parece demasiado apresurado, y todavía el corazón pleno

No había impartido su mitad: era aquella una felicidad

Demasiado exquisita como para perdurar!

¡De las alegrías perdidas, aquellas que no volverán,

Cuán doloroso es su recuerdo!

William Blake_ The Skeleton Reanimated (1805).

William Blake_ The Skeleton Reanimated (1805) *

* Acuarela realizada por William Blake para ilustrar “La tumba” de Robert Blair.

Maka