“PREHISTORIA”, de José Emilio Pacheco

A la memoria de Jaime Sabines

 1

En las paredes de esta cueva pinto el venado

para adueñarme de su carne,

para ser él,

para que su fuerza y su ligereza sean mías

y me vuelva el primero

entre los cazadores de la tribu.

En este santuario

divinizo las fuerzas que no comprendo.

Invento a Dios,

a semejanza del Gran Padre que anhelo ser

con poder absoluto sobre la tribu.

En este ladrillo

trazo las letras iniciales,

el alfabeto con que me apropio del mundo al simbolizarlo.

La T es la torre y desde allí gobierno y vigilo.

La M es el mar desconocido y temible.

Gracias a ti, alfabeto hecho por mi mano,

habrá un solo Dios: el mío.

Y no tolerará otras deidades.

Una sola verdad: la mía.

Y quien se oponga a ella recibirá su castigo.

Habrá jerarquías, memoria, ley:

mi ley: la ley del más fuerte

para que dure siempre mi poder sobre el mundo.

 

2

Al contemplar por vez primera la noche

me pregunté: ¿será eterna?

Quise indagar la razón del sol, la inconstante

movilidad de la luna,

la misteriosa armada de estrellas

que navegan sin desplomarse.

Enseguida pensé que Dios es dos:

la luna y el sol, la tierra y el mar, el aire y el fuego,

O es dos en uno:

la lluvia / la planta, el relámpago / el trueno.

¿De dónde viene la lumbre del cielo?

¿La produce el estruendo?

¿O es la llama  la que resuena al desgarrar el espacio?

(como la grieta al muro antes de caer

por los espasmos del planeta

siempre en trance de hacerse).

¿Dios es el bien porque regala la lluvia?

¿Dios es el mal por ser la piedra que mata?

¿Dios es el agua que cuando falta aniquila

y cuando crece nos arrastra y ahoga?

A la parte de mí que me da miedo

la llamaré Demonio.

¿O es el doble de Dios, su inmensa sombra?

Porque sin el dolor y sin el mal

no existirían el bien ni el placer,

del mismo modo que para la luz

son necesarias las tinieblas.

Nunca jamás encontraré la respuesta.

No tengo tiempo. Me perdí en el tiempo.

Se acabó el que me dieron.

 

3

Ustedes, los que escudriñen nuestra basura

y desentierren puntas de pedernal, collares de barro

o lajas afiladas para crear muerte; figuras de mujeres en que intentamos

celebrar el misterio del placer

y la fertilidad que nos permite seguir aquí contra todo

-enigma absoluto

para nuestro cerebro si apenas está urdiendo el lenguaje-,

lo llamarán mamut.

Pero nosotros en cambio

jamás decimos su nombre:

tan venerado es por la horda que somos.

El lobo nos enseñó a cazar en manada.

Nos dividimos el trabajo, aprendimos:

la carne se come, la sangre fresca se bebe,

como fermento de uva.

Con su piel nos cubrimos.

Sus filosos colmillos se hacen lanzas

para triunfar en la guerra.

Con los huesos forjamos

insignias que señalan nuestro alto rango.

Así pues, hemos vencido al coloso.

Escuchen cómo suena nuestro grito de triunfo.

Qué lástima.

Ya se acabaron los gigantes.

Nunca habrá otro mamut sobre la tierra.

 

4

Mujer, no eres como yo

pero me haces falta.

Sin ti sería una cabeza sin tronco

o un tronco sin cabeza. No un árbol

sino una piedra rodante.

Y como representas la mitad que no tengo

y te envidio el poder de construir la vida en tu cuerpo,

diré: nació de mí, fue un desprendimiento:

debe quedar atada por un cordón umbilical invisible

Tu fuerza me da miedo.

Debo someterte como a las fieras tan temidas de ayer.

Hoy, gracias a mi crueldad y a mi astucia,

labran los campos, me transportan, me cuidan,

me dan su leche y hasta su piel y su carne.

Si no aceptas el yugo,

si queda aún como rescoldo una chispa de aquellos tiempos

en que eras reina de todo,

voy a situarte entre los demonios que he creado

para definir como El Mal cuanto se interponga

en mi camino hacia el poder absoluto.

 

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. "De tiempos remotos".

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. “De tiempos remotos”.

José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 30 de junio de 1939 – Ib., 26 de enero de 2014), poeta, ensayista, novelista, cuentista, investigador, periodista y traductor mexicano, integrante de la llamada «Generación de los cincuenta» o «Generación de medio siglo». Ha aportado importantes conocimientos de investigación en los campos de la Antropología y la Historia.

Maka

“AMAPOLAS EN JULIO”, de Sylvia Plath

POPPIES IN JULY

Little poppies, little hell flames,
Do you do no harm?

You flicker. I cannot touch you.
I put my hands among the flames. Nothing burns

And it exhausts me to watch you
Flickering like that, wrinkly and clear red, like the skin of a mouth.

A mouth just bloodied.
Little bloody skirts!

There are fumes I cannot touch.
Where are your opiates, your nauseous capsules?

If I could bleed, or sleep! –
If my mouth could marry a hurt like that!

Or your liquors seep to me, in this glass capsule,
Dulling and stilling.

But colorless. Colorless.

——————

Pequeñas amapolas. Pequeñas llamas del infierno.
¿Acaso no estáis heridas?

Tan vacilantes que no puedo tocarlas.
Puse mis manos sobre sus llamas. Pero no me quemaron.

Y allí me quedé exhausta para vigilarlas.
Vacilante como ellas -arrugada y rojo claro- como la piel de una boca.

Como una boca.
Una boca ensangrentada.

He ahí el vapor que no puedo tocar.
¿Dónde están tus opiáceos y tus nauseabundas píldoras?

¡Si pudiera sangrar o dormir!
Si mi boca pudiera casarse con una herida como la tuya.

O con tus licores escurriéndose dentro de mí, en esta cápsula de vidrio
Ahora apagada y silenciosa.

Pero descolorida. Descolorida.

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. "Amapola".

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. “Amapola”.

Ayer se cumplía un año más de la muerte de Sylvia Plath.

El 11 de febrero de 1963 se despierta a las seis de la mañana en el piso que había alquilado (tras separarse de su marido infiel, el poeta Ted Hughes), donde vivió el poeta y dramaturgo irlandés W.B. Yeats (23 Fitzroy Road, Londres), y le prepara el desayuno a sus hijos, de tres y un año. En una bandeja lleva a la habitación de Frieda y Nick: pan, mantequilla y leche. Vuelve a la cocina cierra la puerta y tapa todos los resquicios con toallas. Mete la cabeza en el horno. Abre el gas. Cuando la encuentran aún está caliente pero ya nada se puede hacer por su vida. Este último intento ha sido el definitivo.

D.E.P.

Maka

ANTIGUO MISTERIO ÓRFICO

 

 

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. "Fuente".

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. “Fuente”.*

 

Cuando desciendas a la morada
de Hades verás a la izquierda de
la puerta, cerca de un ciprés
blanco, una fuente.
No la bebas.

Encontrarás otra de agua fresca
y clara, procedente del lago de la
Memoria.

Entonces te acercarás a los
guardias de la entrada y dirás:

“Soy un hijo de la Tierra, del
cielo y de la eternidad.”

Ellos te darán entonces de beber
de esa agua y tú vivirás
eternamente entre los héroes.

 

*La imagen fue tomada en Capileira (La Alpujarra de Granada, España).

Maka

Una reflexión filosófica de HEIDEGGER

Vivimos al amparo de los roles sociales, de lo que se espera que hagamos, pensemos o digamos. Sólo excepcionalmente somos auténticos. En general, nuestra vida se pierde en la inautenticidad. Y es natural que así suceda, porque nuestro propio modo de ser implica asumirnos como radicalmente finitos, aceptar la angustia de no poder cumplir todas las posibilidades que se despliegan ante nosotros, correr el riesgo de equivocarnos y arrepentirnos, y sentirnos culpables de las elecciones que hemos hecho. Y, en fin, vivir cada momento de nuestro vida ante nuestra mortalidad. La culpa nos hace presente el pasado, tal como nuestro ser hacia la muerte nos hace presente el futuro, anticipándolo. Por eso, sólo el hombre es propiamente mortal. Los animales no mueren, sino que apenas cesan. La muerte no es meramente cesar. La muerte es la posibilidad vivida de que ya no haya más posibilidades para mí. Es la posibilidad de que mi mismo ser sea imposible. Nuestra vida es un entre y los extremos, la nada del antes y la nada del después, no nos pertenecen.

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. "Lamorta_II"

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. “Lamorta_II”

(…)

El ser no es permanente presencia, como suponía la tradición metafísica occidental, si no advenir o acontecer. Asumir la temporalidad que somos sin subterfugios ni distracciones es lo que nos permitiría apropiarnos realmente de un destino auténtico.

Maka