Una reflexión filosófica de HEIDEGGER

Vivimos al amparo de los roles sociales, de lo que se espera que hagamos, pensemos o digamos. Sólo excepcionalmente somos auténticos. En general, nuestra vida se pierde en la inautenticidad. Y es natural que así suceda, porque nuestro propio modo de ser implica asumirnos como radicalmente finitos, aceptar la angustia de no poder cumplir todas las posibilidades que se despliegan ante nosotros, correr el riesgo de equivocarnos y arrepentirnos, y sentirnos culpables de las elecciones que hemos hecho. Y, en fin, vivir cada momento de nuestro vida ante nuestra mortalidad. La culpa nos hace presente el pasado, tal como nuestro ser hacia la muerte nos hace presente el futuro, anticipándolo. Por eso, sólo el hombre es propiamente mortal. Los animales no mueren, sino que apenas cesan. La muerte no es meramente cesar. La muerte es la posibilidad vivida de que ya no haya más posibilidades para mí. Es la posibilidad de que mi mismo ser sea imposible. Nuestra vida es un entre y los extremos, la nada del antes y la nada del después, no nos pertenecen.

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. "Lamorta_II"

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. “Lamorta_II”

(…)

El ser no es permanente presencia, como suponía la tradición metafísica occidental, si no advenir o acontecer. Asumir la temporalidad que somos sin subterfugios ni distracciones es lo que nos permitiría apropiarnos realmente de un destino auténtico.

Maka

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