Fragmento de “LA PEQUEÑA PASIÓN”, de Pilar Pedraza

No recordaba si le costó mucho decidirse a aplicar el filo a la carne, ni si la primera muñeca le dolió -creía que no-, ni si le fue difícil cortarse la segunda. Se lo pregunté porque es un extremo que siempre me ha intrigado en esta clase de suicidios. Sólo sabía que de pronto se encontró en un mundo luminoso, en pendiente hacia el sueño, y que sintió una felicidad increíble, supongo que como la que me produjo a mí la ingestión de un fuerte analgésico que me administraron en el hospital cuando me rompí la pierna, después de que Gabriel hurgara en ella y me pusiera un clavo. Aquella felicidad consistía en una profunda sensación de frescura acompañada de la convicción de que se está solo en el mundo, de que uno es Dios. Dijo que sobrevino la calma, y después nada.

(…) Se admiró de su propio valor: se lo había cortado todo, parecía mentira, venas, tendones, casi hasta el hueso. Y eso que se tenía así mismo por un cobarde. Pero no lo era: << Aquí está la prueba>>, dijo enarbolando ante mí sus muñecas vendadas como si fueran un trofeo.

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. "Fin de la Vie".

© 2014. Todos los derechos reservados por Maka. “Fin de la Vie”.

Nota: la sangre es real (mía).

 

Anuncios

Reflexiones...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s