“MALDICIÓN”, de María Mercedes Carranza

Te perseguiré por los siglos de los siglos.
No dejaré piedra sin remover
Ni mis ojos horizonte sin mirar.

Dondequiera que mi voz hable
Llegará sin perdón a tu oído
Y mis pasos estarán siempre
Dentro del laberinto que tracen los tuyos.

Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos,
Resucitarán los muertos y volverán a morir
Y allí donde tú estés:
Polvo, luna, nada, te he de encontrar.

 

2 Respuestas a ““MALDICIÓN”, de María Mercedes Carranza

  1. “Buda contaba que había una vez un reino cuyo emperador, una persona buena y sabia, se ausentó de palacio. Aprovechando su falta, un terrible monstruo entró en la ciudad. Su silueta era tan espantosa que helaba la sangre a todos los que se cruzaban con él. Al ver que los soldados temblaban de miedo, y que el sillón del trono estaba vacío, el monstruo decidió sentarse en él. Pero entonces el capitán de la guardia recobró el sentido, se dirigió hacia la criatura, sacó su espada y la amenazó: – ¡Si no te levantas de ahí enseguida te cortaré en dos! – No obstante, esas pocas palabras hirientes fueron suficientes para que el monstruo creciera un poco más y pareciera más terrible y peligroso. Al ver al capitán enfrentándose a aquella criatura, el resto de los soldados reaccionaron, sacaron también sus espadas y gritaron al monstruo: – ¡Levántate del trono de nuestro rey o te haremos pedazos! Tú no puedes sentarte ahí. – Pero con cada palabra desagradable, con cada acción desagradable, incluso con cada pensamiento negativo, el monstruo crecía un poco más. El pueblo, al ver que la guardia no conseguía nada, se reunió alrededor del sillón del trono con palos y antorchas, e insultaron y amenazaron a la bestia, que cada vez iba creciendo más y más hasta que de repente el rey regresó a su palacio. Este rey no había conseguido el trono a causa de su linaje, ni por ser la persona más rica de la región, ni siquiera por su fuerza física… sino por su gran sabiduría. Así que, cuando vio a la enorme bestia, en lugar de enfadarse, se dirigió a ella y le dijo: – ¡Bienvenida! – Y con esas palabras, la criatura menguó un poco. Luego siguió diciendo: – Gracias por venir. – Y el monstruo siguió menguando un poco más. Entonces el pueblo se dio cuenta de su error y empezaron a ser amables con el monstruo, y el monstruo siguió menguando y menguando. Cada acto, palabra y pensamiento positivo, hacían que la criatura se achicara un poco hasta que al final acabó desapareciendo. Así es como todos comprendieron que el rechazo se alimenta de odio para sentarse en el trono de nuestra vida y seguir creciendo y creciendo cada vez más.”

    Extracto del libro: Cómo sobrevivir en un mundo de Egoístas.

Reflexiones...

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