Visita a una Unidad de Salud Mental

(Escrito el 7 de Septiembre)

Esta mañana he estado en un Centro de Salud Mental para hacer un par de preguntas y fotografiar mi última transferencia a lienzo de la fotografía “Muerte interior”, realizada con motivo del Día Mundial de la Salud Mental (10 de Octubre).
Cuando uno entra en un lugar como éste enseguida percibe que entra en “otro mundo”. El tiempo va a otro ritmo (casi da la sensación de que el tiempo no existe), las relaciones personales son diferentes y es que cuando uno entra en un sitio así lo que encuentra es Verdad.
Me dirigía al edificio principal y varias personas han pasado por mi lado, mirándome de arriba a abajo. Un hombre (me ha recordado muchísimo a un poeta que me gusta, Leopoldo María Panero, tanto por su forma de hablar como por su aspecto) se ha apartado de las dos personas con las que iba charlando y mirándome fijamente a los ojos, muy cerca de mí, ha comenzado a entablar una conversación de lo más interesante e intensa (no ha durado más de dos minutos):
-¿Quién eres? ¿Cómo te llamas? (Luego me ha dicho algo en ingles y después en francés y me ha preguntado si hablo alguno de estos dos idiomas; “un poco”, le he contestado).
– He venido porque quiero hacer una consulta.
– ¿En qué puedo ayudarte? Pregúntame a mí, quiero ayudarte. Vente con nosotros, la monitora va por delante. ¿Dónde vives? ¿Eres de aquí? No, tú no eres de aquí, ¿eres de Euskadi?
– No, vivo en Granada.
– Pareces de Euskadi.
– No soy de Euskadi (quizá lo fui en otra vida por la conexión que siento, le hubiera contestado si me hubiera dejado continuar hablando).
– ¿A qué has venido? Dímelo para ayudarte.- Les explico a qué he venido y se alegran mucho de lo que les digo. Me recita una frase de Nietzsche que ahora mismo no recuerdo pero que mientras lo hacía la identificaba perfectamente)
– ¿A qué te dedicas?
– Entre otras cosas a la Fotografía.
– Me encanta como vistes. Eres siniestra. Tienes un aspecto siniestro que me gusta mucho.
Llevas la estrella de Satanás, ¿eres satánica?
– No es la estrella de Satanás y no soy satánica.
– ¿Quieres darle dos besos a mi novia y a mi amigo?
– Si ellos quieren darme dos besos yo no tengo ningún inconveniente (me dice sus nombres mientras me dan dos besos).
– Me llamo (no lo recuerdo) ¿quieres darme dos besos a mí también?
– Por supuesto, ¿por qué no?
– Y eres madre…
– (¿cómo pudo saberlo?) Sí, soy madre.
– Eres madre de un bebé.
– Sí…
– Enhorabuena. Vente con nosotros.
– No puedo.
– ¿Por qué?
– Hoy he quedado y tengo prisa. (Si no hubiera tenido planes seguramente me habría marchado con ellos para hablar un rato más).
– Ven con nosotros un rato.- Le interrumpen los dos acompañantes para decirle que me deje continuar mi camino. Lo comprende-. Cuídate. Encantado de conocerte.
– Cuidaros mucho. Encantada de conoceros.
Continúo mi camino y cuando voy a entrar la puerta tiene la llave echada y no veo a nadie en el mostrador. Encuentro una ventana enrejada por la que hablo con un administrador (un enorme jazmín* oculta parte de la ventana y tengo que acercarme mucho para que podamos vernos; me parece una situación bastante surrealista y dado el lugar en el que me encuentro puedo decir que me gusta).
-¿Qué quieres?.- Me pregunta.
– Quiero hacer una consulta.- Le explico.
– ¿Sabes dónde estás?
– Claro, en una Unidad de Salud Mental.
– Bien. Pues tendrás que preguntar en el mostrador si puedes hablar con el coordinador pero ten cuidado no vayan a encerrarte aquí.
– Bueno, no me extrañaría.- Le sonrío.
– Llevo veinte años trabajando aquí y puedo decirte que es más seguro estar con ellos aquí dentro que con las personas que están ahí fuera.
– Estoy segurísima de ello…
Cuando obtengo las respuestas a mis dudas, me dirijo al coche, saco el lienzo, la cámara y cuando estoy realizando la primera fotografía escucho que alguien viene; por su aspecto me parece que es un enfermo.
– ¿Qué haces fotografiando el manicomio?- Su tono no es demasiado amistoso que digamos.
– Estoy fotografiando un cuadro que he hecho.
Cuando está a mi altura y mira la transferencia, dice con un tono ahora mucho más amable, y diría que hasta compasivo y ello me hace plantearme si quizá yo (o cualquiera de los que estamos “fuera”) esté más enferma que él:
– Cuídate, hija…
– Cuídate tú también.

La transferencia que fotografiaba es “Muerte interior”, obra que hice el año pasado con motivo del Día Mundial de la Salud Mental. Podéis ver las fotografías pinchando la imagen:

Salgo del recinto con la casi seguridad de que volveré, mientras tanto me dirijo a un lugar mágico del que saldré transformada, como suele ocurrir cada vez que voy.

* Me acuerdo de “El hombre jazmín” de Unica Zürn

Maka

 

Anuncios

“MUERTE EN EL BOSQUE DE COVIN”, Gerald Brenan

La paz de los árboles
caerá sobre ti;
alargados brazos esplendentes
en brillante luz de luna serán tuyos para siempre.
Y todos los racimos de flores y estrellas
te esperarán en el palacio eterno;
y por los pasillos sin fin la luz de la luna
vendrá a ti como mujeres extrañas en un sueño.
¿No goteará inmóvil el rocío de los árboles fulgentes?
¿No soplará el viento en la colina?
¿No he de yacer allí frío e inmóvil?

Abril de 1916

Edward Fitzgerald Brenan (Malta, 7 de abril de 1894 – Alhaurín el Grande, Málaga, 19 de enero de 1987), escritor e hispanista británico miembro del Círculo de Bloomsbury. Escribió unos cincuenta libros de viajes (la mayoría), poesía, diarios, una autobiografía.
Vivió varios años en La Alpujarra de Granada (siendo nombrado hijo adoptivo de Ugíjar el 11 de octubre de 1983) y luego se trasladó con su mujer a Málaga.
Su esposa, la poetisa Gamel Woolsey, muere el 18 de enero de 1968 y él muere el 19 de enero de 1987 a la edad de 92 años. Lega su cuerpo a la ciencia y es depositado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga. En 2001 incineran su cuerpo y es sepultado, junto a su mujer, en el Cementerio Inglés de Málaga.

Maka

“SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR”, Federico García Lorca

Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!

Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 5 de Junio de 1898 – Camino de Víznar a Alfacar, 19 de Agosto de 1936), poeta de la Generación del 27, dramaturgo y prosista granadino.

Maka

“HABLANDO”, Pablo del Águila

Hablando en torno a no sé qué palabras,
a preguntas sin tiempo a pedazos, a marchar porque sí,
porque no quiero y quieres sin embargo.
Preguntando si el cielo y si la tierra
y no sé qué de un mundo que crearon para la muerte nuestra.
Así pasan mis días
y mis noches.
Pronunciando palabras sin sentido —hombre, vivir, naciendo—.
Recordando que tengo entre las manos aire
y que no puedo ser aire yo mismo.
¡Ay mis noches!
Nocturnas noches mías en silencio. Desvelado ante un libro
y una estufa manchada.
Sin pensar en mañana, que es viernes,
ni en ayer, que era viernes. Me siento ante la mesa
y recuerdo otros tiempos en que todo era nuevo
y encontrar a otras gentes para hablar de lo mismo
que si el hombre, que el mundo…

Hablando de nostalgias y deberes
y de estar harto y de querer venirme
a mi rincón más triste
para soñar en los ecos dormidos de alguna voz sin nombre.
Creyéndome en las noches
que mi ventana es mía y conversar con ella
y con el viento oscuro.
¡Ay mis noches que pasan!
Si fuera siempre noche y la vida se fuese…,
pienso a veces, para volver más tarde a hablar de que si el hombre,
o el mundo, o algunas otras cosas, no son como debieran.

Poema extraído de “Poesía reunida (1964-1968)”, Granada: Editorial Silene, 1989.

Pablo del Águila Martínez (2 de Diciembre de 1946 – 23 de Diciembre de 1968), poeta y filósofo granadino. Su obra poética destaca por su profunda angustia existencial.

Maka

“PARTIRÉ”, Pablo del Águila

 

Partiré de noche,
cuando nadie sospeche mi partida,
cuando por llanos y montes pueda perderme.
No habrá adiós que me cubra.
Me iré como he venido,
sin que nadie me espere ni desee.
Nadie verá mi llanto.
Pensarán que un arcángel
me tocó con su espada.
Pensarán que he muerto
destrozando mis ojos contra el barro,
contra la tierra frágil que me cubre.
Al día siguiente estaré lejos,
donde otro nombre me espere y me consuma.
Será de noche, sí, será de noche.
No notarán que falto,
ni cubrirán de flores mi vacío.
Y partiré de nuevo de otro sitio.
En mi ausencia estará
presencia sempiterna de mi huida.
Como loco me iré, como demente saltaré
las barreras que me ataron algún día.
Una vez fuera, sólo la muerte
vivirá en mi cabeza.
Sin esperanzas parto,
sin esperanzas vengo ya de vuelta.
Mi adiós lo daré al viento;
al viento irá mi sola despedida.
Me iré de noche, sí me iré de noche;
mientras los otros gritan desesperadamente
y me expulsan con risas de su pista.
Partiré para siempre en mi regreso.
Me iré y será de noche.
Sí, será de noche.

Poema extraído de “Poesía reunida (1964-1968)”, Granada: Editorial Silene, 1989.

Pablo del Águila Martínez (2 de Diciembre de 1946 – 23 de Diciembre de 1968), poeta y filósofo granadino. Su obra poética destaca por su profunda angustia existencial.

Maka

“EL HOMBRE AL QUE AMABAN LOS ÁRBOLES” (frags.)II, Algernon Blackwood

<< (…) los árboles gritaban en la oscuridad. Había ruidos, también, como de estallidos de grandes velas, de mil a la vez; y de cuando en cuando, estampidos, parecían, más que otra cosa, el batir lejano de enormes tambores. Se pusieron en pie los árboles –toda la hueste sitiadora se puso en pie−, con el rugir de su millón de ramas propagando el mensaje atronador a través de la noche. Era como si hubiesen roto todas las ataduras. Arrastraban sus raíces por el campo y los setos y el tejado. Sacudían sus copas tupidas, bajo las nubes, con salvaje, alborozado movimiento de grandes ramas. Con el tronco vertical, corrían a saltos por el cielo. Había agitación y aventura en el tremendo fragor que producían, y sus gritos eran como el rugido de un mar que ha roto sus compuertas e inunda el mundo… >>

<< Y allá, muy lejos, oyó el bramido del Bosque. La voz de su marido sonaba con él. >>

“EL HOMBRE AL QUE AMABAN LOS ÁRBOLES” (frags.), Algernon Blackwood

<< −Y los árboles –prosiguió el otro−; detrás de una gran selva, por ejemplo –señalando el Bosque−, puede que haya una espléndida Entidad que se manifieste a través de los mil árboles individuales… una especie de inmensa vida colectiva, tan minuciosa y delicadamente organizada como la nuestra. Podría fundirse y mezclarse con la nuestra en determinadas condiciones, de manera que llegásemos a entenderla como ser, durante un tiempo al menos. Incluso podría tragarse la vitalidad humana en el inmenso remolino de su vasta vida durmiente. La atracción de una gran selva sobre un hombre puede ser tremenda, y totalmente irresistible. >>

<< (…) La vida de su marido se estaba ligando demasiado a los árboles, a todo cuanto representaban. Los intereses de David eran cada vez más los intereses de ellos, sus pensamientos y sentimientos con los de ellos; y lo mismo sus metas, sus esperanzas, sus deseos, su destino.
¡Su destino! Un terror vago, tremendo arrojó su oscura sombra sobre ella al pensar en esto. Un instinto de su corazón que ella temía más que a la muerte –porque la muerte significaba el dulce tránsito de su alma− iba relacionando cada vez más el pensamiento de él con el de los árboles; concretamente, con el de los árboles de este Bosque. A veces, antes de que pudieses hacerle frente, refutarlo, o acallarlo, descubría el pensamiento de él cruzando fugaz por su cerebro junto con el pensamiento del Bosque mismo, íntimamente unidos y trabados los dos, cada uno parte y complemento del otro, como un solo ser. >>

Blackwood

Maka