“El camino no elegido”, Robert Frost

 

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
y apenado por no poder tomar los dos
siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
mirando uno de ellos tan lejos como pude,
hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
y habiendo tenido quizás la elección acertada,
pues era tupido y requería uso;
aunque en cuanto a lo que vi allí
hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡oh, había guardado aquel primero para otro día!
aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
de aquí a la eternidad:
dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
yo tomé el menos transitado,
y eso hizo toda la diferencia.


Robert Lee Frost (San Francisco, Estados Unidos, 26 de marzo de 1874 – Boston, 29 de enero de 1963).
Está considerado como uno de los fundadores de la poesía moderna en su país. Recibió el premio Pullitzer en cuatro ocasiones.

 

 

 

“UN DÍA BUENO”, Karmelo Iribarren

No somos más
que el tiempo que nos queda
caminando hacia el olvido
que seremos.
Es duro, pero es así.
El resto, literatura.
Lo mejor
es no pensarlo mucho:
seguir andando,
tomar cafés, enamorarse,
ver la lluvia…

Karmelo Iribarren (San Sebastián, 1959) fue, entre otros, fontanero, vendedor de enciclopedias, camarero en una residencia de ancianos y tabernero. Ante todo, poeta y escritor español. Algunos de sus poemas han sido adaptados a otros medios.

“HIMNO A LA LIBERTAD”(frag.), Hölderlin

(…)

¡Dios de los Tiempos! bajo un cielo cargado tus alas
nos traen, consoladores, un poco de frescura.
Nos gusta ver que dulces imágenes de rosa
nos sonríen en el camino desierto y espinoso.
Cuando ni sombra de gloria de los antepasados queda
y se hunde el último vestigio de libertad,
mi corazón vierte lágrimas amargas
y se refugia en el mundo más bello de sus sueños.

Todo cuanto fue presa del tiempo
florecerá de nuevo mañana, más hermoso;
la primavera nacerá de la destrucción
tal Uranio naciendo entre las olas.
Cuando las pálidas estrellas inclinan su cabeza,
Hyperión resplandece en su trayecto heroico.
Continuad pudriéndoos, esclavos; días de libertad
se alzarán sonrientes sobre vuestras tumbas.

(…)

“CANCIÓN DE DOMINGO”, de María Mercedes Carranza

Es inútil escoger otro camino,
decidir entre esta palabra herida y el bostezo,
atravesar la puerta tras la cual te vas a perder
o seguir de largo como cualquier olvido.
Es inútil rociar raíces
que sean quimeras, árboles o cicatrices,
cambiar de papel y de escenario,
ser arco, cuerda, puta o sombra,
nombrar y no nombrar, decidirse por las estrellas.
Es inútil llevar prisa y adivinar
porque no hay tiempo para ver
o demorarse la vida entera
en conocer tu rostro en el espejo.
Los lirios, el cemento, esos ojos zarcos,
las nubes que pasan, el olor de un cuerpo,
la silla que recibe la luz oblicua de la tarde,
todo el aire que bebes, toda risa o domingo,
todo te lleva indiferente y fatal hacia tu muerte.

“OTRO TIEMPO VENDRÁ”, Ángel González

Otro tiempo vendrá distinto a éste.
Y alguien dirá:
«Hablaste mal. Debiste haber contado
otras historias:
violines estirándose indolentes
en una noche densa de perfumes,
bellas palabras calificativas
para expresar amor ilimitado,
amor al fin sobre las cosas
todas».

Pero hoy,
cuando es la luz del alba
como la espuma sucia
de un día anticipadamente inútil,
estoy aquí,
insomne, fatigado, velando
mis armas derrotadas,
y canto
todo lo que perdí: por lo que muero.

“ESCRITO A CIEGAS”, de Martín Adán

Con motivo de una carta de Celia Paschero, Martín Adán* le contestó con “Escrito a ciegas”. Mejía Baca la publicó para compartir la profundidad y la belleza de la carta de contestación.

*Pseudónimo de Ramón Rafael de la Fuente Benavides, (Lima, 27 de octubre de 1908 – † 29 de enero de 1985), poeta peruano.

¿Quieres tú saber de mi vida?
Yo sólo sé de mi paso,
De mi peso,
De mi tristeza y de mi zapato.
¿Por qué preguntas quién soy,
Adónde voy?… Porque sabes harto
Lo del Poeta, el duro
Y sensible volumen de ser mi humano,
Que es un cuerpo y vocación,
Sin embargo.
Si nací, lo recuerda el Año
Aquel de quien no me acuerdo,
Porque vivo, porque me mato.

Mi Ángel no el de la Guarda.
Mi Ángel es del Hartazgo y Retazo,
Que me lleva sin término,
Tropezando, siempre tropezando,
En esta sombra deslumbrante
Que es la Vida, y su engaño y su encanto.

Cuando lo sepas todo…
Cuando sepas no preguntar…
Cuando no sepas no saber nada
Sino roerte la uña de mortal,
Entonces te diré mi vida,
Que no es más que una palabra de más…

La toda tuya vida es como cada ola:
Saber matar,
Saber morir,
Y no saber retener su caudal,
Y no saber discurrir y volver a su principio,
Y no saber contenerse en su afán…
Si quieres saber de mi vida,
Vete a mirar al Mar.

¿Por qué me la pides, Literata?
¿Ignoras acaso que en el Mundo,
Todo de nadas acumuladas,
De desengrandar infinitudes,
No sino un trasgo
Eterno, sombra apenas de apetito de algo?

La cosa real, si la pretendes
No es aprehenderla sino imaginarla.
Lo real no se le coge: se le sigue,
Y para eso son el sueño y la palabra.
¡Cuídate de su atajo!
¡Cuídate de su distancia!
¡Cuídate de su despeñadero!
¡Cuídate de su cabaña!

¿Quién soy? Soy mi qué,
Inefable e innumerable
Figura y alma de la ira.
No, eso fue al fin… y era al principio,
Antes de donde el principio principia.
Soy un cuerpo de espíritu de furia
Asentada y de aceda ironía.
No, no soy el que busca
El poema, ni siquiera la vida…
Soy un animal acosado por su ser
Que es una verdad y una mentira.

¡Es tan simple mi ser, y tal ahogo,
Con punzada en nervio y carne!…
Yo buscaba otro ser,
Y ése ha sido mi buscarme.
Yo no quería ni quiero ya ser yo,
Sino otro que se salvara o que se salve,
No el del Instinto, que se pierde,
Ni el del Entendimiento, que se retrae.

Mi día es otro día,
Algún no sé dónde estarme,
A dónde no sé ir en mi selva
Entre mis reptiles y mis árboles,
Libros y cementos
Y estrellas de neón,
Y mujeres que se me juntan como la pared y como nadie… o como madre,
Y el recién nacido que sobre mí llora,
Y por la calle
Todas las ruedas
Reales y originales.
Así es mi día cabal,
Hasta la última tarde.

Y escribí libros para persuadirme
A que yo era alguien,
Uno según mi gana
O según mi nadie.

El Otro, el Prójimo, es un fantasma.
¿Existe el aire,
Donde te asfixias y recreas
Respirando, tu cuerpo inane?
¡No, nada es sino la sorpresa
Eterna de tu mismo reencontrarte
Siempre tú los mismos entre los mismos muros
De las distancias y las calles!
¡Y de los cielos estos techos
Que nunca me ultiman porque nunca caen!

Y no alcancé el furor de lo divino,
Ni a la simpatía de lo humano
Lo soy y no lo siento ni así me siento.
Soy en el Día el Solitario
Y el absoluto en la Zoología si pienso,
O como carnívoro feroz si agarro.
¿Soy la Criatura o el Creador?
¿Soy la Materia o el Milagro?
¡Qué mía y qué ajena tu pregunta!…
¿Quién soy? ¿Lo sé yo acaso?
¡Pero no, el Otro no es!
¡Sólo yo en mi terror o en mi orgasmo!

¡Y con todos mis sueños resoñados,
Y con toda la moneda recogida,
Y con todo mi cuerpo, resurrecto
Tras cada coito, ciego, vano, sin pupila!…
¡Cuando no seas nada más que ser,
Si llegas a la edad de la agonía!…
¡Cuando sepas, verdaderamente,
Que es inayable ayuntamiento de muerte y vida!…
¡Entonces te diré quién soy,
Seguro sí, que ya sin voz, Amiga!

Que se curan con hierbas eficaces
Los puros animales que te hablaban
Allá, entre piedras inmateriales.
El mundo real y la ciencia humana
Donde, con una pelota
Los muchachos aparentes hediondos gozaban.
Sí, la vida es un delirio así, y sin embargo,
En esa vida no estuvo mi nada,
Ninguna, pero real, y alta pero celeste o volcánica.

¡Qué tarde llega el Tiempo
A su punto de olvido o de sensibilidad!
Viene arrastrando, como el aluvión,
De cúmulo, de suelo, de humanidad.
¡Cuán a destiempo llega uno a sí mismo!
¡Cuán inesperado y desesperado cualquier ya,
Todo yo que cae con el Tiempo
Desde nunca siempre y para siempre jamás!
¡Qué madrugada eterna no dormida
Lo del resolverme en el hacer y en el pensar!

La Soledad es una roca dura
Contra la que arroja el Aire.
Está en cada pared de la Ciudad,
Cómplice, disimulándose.
Me arrojo o me arrojo, sin cesar
-Yo soy mi impedimento y mi crearme.-

La Poesía es, amiga,
Inagotable, incorregible, ínsita.
Es el río infinito
Todo de sangre,
Todo de meandro, todo de ruina y arrastre de vivido…
¿Qué es la Palabra
Sino vario y vano grito?
¿Qué es la imagen de la Poética
Sino un veloz leño bajo un gato írrito?
Todo es aluvión. Si no lo fuera,
Nada sería lo real, lo mismo.

El Amor no sabía
Sino tragarse su substancia
Y así la Creación se renovaba.
Todo me era de ayer, pero yo vivo,
Y a veces creo, y la Vez me amamanta.

No soy ninguno que sabe.
Soy el uno que ya no cree
Ni en el hombre,
Ni en la mujer,
Ni en la casa de un solo piso,
Ni en el panque con miel.
No soy más que una palabra
Volada de la sien
Y que procura compadecerse
Y anidar en algún alto tal vez
De la primavera lóbrega
Del Ser
No me preguntes más,
Que ya no sé…

Supe que no era lo que no era, no sé cómo, y todo era
Hasta la cosa de mi nada.
Y fui uno no sé cuándo,
Persiguiendo, por entre numen y maraña
Dentro de ella, yo, nacido y flaco, ya con todas armas,
Yo por todo paso que me hacía,
A ello persiguiendo… a la palabra
A cualquiera,
A la de a la madriguera o a la que salta.
Si mi vida no es esto
¿Qué será la vida?… ¿Adivinanza?…

Que me dé tiempo el Tiempo, a más del suyo,
Y yo me reharé mi eternidad;
La que me falta,
Porque la eché… me estuvo un momento demás.

¿Sabes de los puertos encallados
Del furor y del desembarcar,
Y del cetáceo con mojadísimo uniforme
Que no nada y cae ya?
¿Sabes de la ciudad tanta,
Que me parece ciudad,
Sino un cadáver disgregado,
Innumerable e infinitesimal?
Tú no sabes nada;
Tú no sabes sino preguntar.
Tú no sabes sino sabiduría.
Pero sabiduría no es estar
Sin noción de nada, sino proseguir o seguir
A pie hacia el ya.

Escrito a ciegas (Versión de las libretas D367 y D368).

“SÉ TÚ MI LÍMITE”, José Ángel Valente

Tu cuerpo puede
llenar mi vida,
como puede tu risa
volar el muro opaco de la tristeza.

Una sola palabra tuya quiebra
la ciega soledad en mil pedazos.

Si tu acercas tu boca inagotable
hasta la mía, bebo
sin cesar la raíz de mi propia existencia.

Pero tú ignoras cuánto
la cercanía de tu cuerpo
me hace vivir o cuánto
su distancia me aleja de mí mismo
me reduce a la sombra.

Tú estás, ligera y encendida,
como una antorcha ardiente
en la mitad del mundo.

No te alejes jamás:
Los hondos movimientos
de tu naturaleza son
mi sola ley.
Retenme.
Sé tú mi límite.
Y yo la imagen
de mí feliz, que tú me has dado.

José Ángel Valente  (Orense, 25 de abril de 1929 – Ginebra, 18 de julio de 2000). Poeta español, ensayista, traductor y abogado.

 

“LA CAMPANA DE CRISTAL” (frags), Sylvia Plath

Recordando a Sylvia Plath en el aniversario de su suicidio con unos fragmentos de su impactante novela semiautobiográfica “La campana de cristal”, que trata de la enfermedad mental de la protagonista y recuerda a la que sufrió la autora. Puede ser que se refiera al Trastorno Bipolar.

∞El suelo parecía maravillosamente sólido. Era consolador saber que me había caído y que no podía caer más abajo.

∞Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies.

∞Debe de haber unas cuantas cosas que un baño caliente no puede curar, pero yo conozco muchas; siempre que estoy triste hasta morir, o tan nerviosa que no puedo dormir, o enamorada de alguien a quien no veré en una semana, me deprimo, pero sólo hasta el punto en que me digo: “Tomaré un baño caliente”. Medito en el baño. El agua tiene que estar bien caliente, tan caliente que apenas se soporte el poner el pie dentro. Entonces uno se desliza suavemente, hasta que el agua le llega al cuello.

∞El problema era que yo siempre había sido inadecuada…

∞Si nunca esperas nada de nadie nunca te decepcionarás.

∞Veía los días del año extendiéndose ante mí como una serie de brillantes cajas blancas, y separando una caja de otra estaba el sueño, como una sombra negra. Sólo que para mí la larga perspectiva de sombras que separaban una caja de la siguiente había desaparecido repentinamente, y podía ver día tras día resplandeciendo ante mí como una blanca, ancha, infinitamente desolada avenida.
Parecía tonto lavar un día cuando tendría que volver a lavar al siguiente. El solo pensar en eso me hacía sentir cansada.
Quería hacer todo de una vez por todas y terminar.

∞Tenía que estar pasándomelo en grande, tenía que estar ilusionada como las otras chicas, pero no conseguía reaccionar. Me sentía quieta y vacía como el ojo de un tornado, moviéndome sin ninguna fuerza.

∞Para la persona encerrada en la campana de cristal, vacía y detenida como un bebé muerto, el mundo mismo es la pesadilla.

∞Mi árbol favorito era el sauce llorón. Yo pensé que debían de haberlo traído del Japón. En Japón entendían las cosas del espíritu.

 

Sylvia Plath nació el 27 de Octubre 1932 en Boston y falleció el 11 de febrero de 1963 en Londres. Fue una de las grandes poetas del siglo XX, publicó ensayos literarios y esta desgarradora novela autobiográfica publicada por primera vez en 1963. De sus libros de poesía se destacan Ariel (1956) y El coloso y otros poemas (1960). Estuvo casada con el escritor Ted Hughes, con quien tuvo dos hijos Frieda (escritora y pintora que sufre trastorno depresivo, anorexia y esclerosis múltiple) y Nicholas (fue profesor de Ciencias del Mar y se suicidó en 2009), quien tras su muerte se encargó de la edición de su poesía completa.

Maka

“NO SÉ”, Pablo del Águila

A Isa

No sé qué extraña sombra te rodea
cada vez que te miro
y hablamos en silencio.
Parece que en tus ojos
se escondiese la muerte
y que en cada mirada
volvieses a meterte
en esa extraña lumbre
que te quema por dentro.
Verás, la luz es un espejo
que vibra de mil modos,
es una ausencia enorme que te abraza,
un despertar
a ti
como en un sueño
de los tantos que callas por las tardes.
Yo te hablo
y te pienso
y te recuerdo
cuando en los gestos
de tus manos inmensas
observo la distancia
tenaz que nos mantiene,
mientras no sé qué extraña sombra
te rodea
y mientras en tus ojos se retuerce
la muerte.

Poema extraído de “Poesía reunida (1964-1968)”, Granada: Editorial Silene, 1989.

Pablo del Águila Martínez (2 de Diciembre de 1946 – 23 de Diciembre de 1968), poeta y filósofo granadino. Su obra poética destaca por su profunda angustia existencial.

Maka