“PARTIRÉ”, Pablo del Águila

 

Partiré de noche,
cuando nadie sospeche mi partida,
cuando por llanos y montes pueda perderme.
No habrá adiós que me cubra.
Me iré como he venido,
sin que nadie me espere ni desee.
Nadie verá mi llanto.
Pensarán que un arcángel
me tocó con su espada.
Pensarán que he muerto
destrozando mis ojos contra el barro,
contra la tierra frágil que me cubre.
Al día siguiente estaré lejos,
donde otro nombre me espere y me consuma.
Será de noche, sí, será de noche.
No notarán que falto,
ni cubrirán de flores mi vacío.
Y partiré de nuevo de otro sitio.
En mi ausencia estará
presencia sempiterna de mi huida.
Como loco me iré, como demente saltaré
las barreras que me ataron algún día.
Una vez fuera, sólo la muerte
vivirá en mi cabeza.
Sin esperanzas parto,
sin esperanzas vengo ya de vuelta.
Mi adiós lo daré al viento;
al viento irá mi sola despedida.
Me iré de noche, sí me iré de noche;
mientras los otros gritan desesperadamente
y me expulsan con risas de su pista.
Partiré para siempre en mi regreso.
Me iré y será de noche.
Sí, será de noche.

Poema extraído de “Poesía reunida (1964-1968)”, Granada: Editorial Silene, 1989.

Pablo del Águila Martínez (2 de Diciembre de 1946 – 23 de Diciembre de 1968), poeta y filósofo granadino. Su obra poética destaca por su profunda angustia existencial.

Maka

El poder secreto de las plantas II

Algunas de las plantas griálicas que podemos encontrar en el libro del que hablé en la entrada anterior, con información y recetas muy interesantes, son:

∞Ruda (Ruta Graveloens) . La hierba mágica de la buena suerte, que activa la energía de la fe y la transmutación.
Hisopo (Hissopus Officinalis). El hisopo es la vibración del optimismo, la energía positiva y transmutadora que marca el camino de la felicidad.
Rosa (Rosa Gallicica). La rosa es la flor mágica del amor, la belleza y la iniciación.
Pie de León (Alchemilla vulgaris). La planta secreta de los fabricantes de oro.
Muérdago (Viscum Album). El poder mágico de los míticos druidas.
Romero (Rosmarinus officinalis). La planta alquímica del amor eterno, el recuerdo, la alegría y la eterna juventud.
Verbena (Verbena officinalis). La hierba mágica y alquímica de San Antonio.
Melisa o Toronjil (Melissa officinalis). Elixir de vida y bebida iniciática.
Espino blanco (Crataegus Oxyacantha). La energía mágica del amor y la esperanza.
Milenrama o Aquilea (Achillea Hillefolium). La hierba mágica que cicatriza las heridas espirituales.
Artemisa (Artemisia vulgaris). La planta iniciática y oracular de los antiguos cultos telúricos.
(Thea sinensis). Un comodín alquímico para potenciar la cristalización de los deseos.
Laurel (Laurus Nobilis). Planta reveladora de la alquimia griálica presente en el Oráculo de Delfos.
Abedul (Betula). El árbol de la felicidad.
Agrimoria (Agrimoria Eupatoria). La hierba mágica que ahuyenta los miedos.
Albahaca (Ocimun Basilicum). Las brujas emplean su magia para atraer la buena suerte.
Áloe (Aloe Sacotrina). La hierba sagrada que simboliza la búsqueda griálica.
Ajo (Allium Sativum). El bulbo prodigioso.
Brezo (Calluna vulgaris). Posee el poder mágico de conservar la salud y mantener la imagen juvenil de quienes sintonizan con su energía. Activa las facultades mentales.
Licopodio (Lycopodium Clavatum). Conocido como Pie de druida, fue una de las plantas sagradas de los míticos druidas. Neutraliza la vibración de dolor y anular las energías bloqueadas que produce la enfermedad.
Correhuela-Helecho-Ortiga. Poderoso trío para combatir las energías telúricas negativas.

Maka

El poder secreto de las plantas I

<< Las plantas griálicas son la llave que abre las puertas astrales de esa ciencia extraordinaria que poseyeron los iniciados de las más viejas culturas, el regalo de la Madre Tierra que nos permite controlar las energías sutiles de la Naturaleza, revelándonos las secretas leyes que nos rigen.>>

Así empieza el libro “El poder secreto de las plantas” de Carmen Pérez de la Hiz donde encontraremos información sobre las energías alquímicas de las plantas, los secretos alquímicos de la antigua ciencia perdida, las plantas alquímicas para la transmutación del plomo en oro, las plantas griálicas del amor, el poder oculto de otras plantas griálicas y la magia de las plantas.

<<(…) la Naturaleza encierra los secretos de las leyes que rigen la creación y la vida; más, para adentrarse en sus profundos misterios, no basta con estudiarla, hay que saber leer y escuchar su lenguaje oculto, porque la Naturaleza habla y se revela a través de las claves de su geografía sagrada, de la energía de los minerales y de las corrientes telúricas y, muy especialmente, del poder excepcional y arcano que poseen las plantas, ya que no en vano fue la clorofila (…) el medio que permitió la explosión de la vida en nuestro planeta. (…) Las plantas, como enlaces del cosmos con la Tierra, son las grandes transmutadoras de la Naturaleza, debido a esa misteriosa energía que tan incansablemente buscaron los antiguos alquimistas, conocedores de que en ellas se encierra el secreto de la vida (…). Todas las energías no serían más que diferentes manifestaciones de esta grandiosa energía que unifica todo lo creado.>>

<<Las plantas, como catalizadoras de las energías cósmicas, reaccionan especialmente al influjo del Sol, de la Luna y de las corrientes telúricas. (…) La Luna en cuarto creciente aumenta la energía y los principios activos de las plantas; por este motivo los alquimistas aconsejan recogerlas en este período, muy especialmente las plantas griálicas, que son las que almacenan más energía por crecer sobre enclaves de mayor fuerza telúrica, señalando, además, con su presencia, los puntos de máximo poder y las fronteras de los mismos.>>

“EL HOMBRE AL QUE AMABAN LOS ÁRBOLES” (frags.)II, Algernon Blackwood

<< (…) los árboles gritaban en la oscuridad. Había ruidos, también, como de estallidos de grandes velas, de mil a la vez; y de cuando en cuando, estampidos, parecían, más que otra cosa, el batir lejano de enormes tambores. Se pusieron en pie los árboles –toda la hueste sitiadora se puso en pie−, con el rugir de su millón de ramas propagando el mensaje atronador a través de la noche. Era como si hubiesen roto todas las ataduras. Arrastraban sus raíces por el campo y los setos y el tejado. Sacudían sus copas tupidas, bajo las nubes, con salvaje, alborozado movimiento de grandes ramas. Con el tronco vertical, corrían a saltos por el cielo. Había agitación y aventura en el tremendo fragor que producían, y sus gritos eran como el rugido de un mar que ha roto sus compuertas e inunda el mundo… >>

<< Y allá, muy lejos, oyó el bramido del Bosque. La voz de su marido sonaba con él. >>

“EL HOMBRE AL QUE AMABAN LOS ÁRBOLES” (frags.), Algernon Blackwood

<< −Y los árboles –prosiguió el otro−; detrás de una gran selva, por ejemplo –señalando el Bosque−, puede que haya una espléndida Entidad que se manifieste a través de los mil árboles individuales… una especie de inmensa vida colectiva, tan minuciosa y delicadamente organizada como la nuestra. Podría fundirse y mezclarse con la nuestra en determinadas condiciones, de manera que llegásemos a entenderla como ser, durante un tiempo al menos. Incluso podría tragarse la vitalidad humana en el inmenso remolino de su vasta vida durmiente. La atracción de una gran selva sobre un hombre puede ser tremenda, y totalmente irresistible. >>

<< (…) La vida de su marido se estaba ligando demasiado a los árboles, a todo cuanto representaban. Los intereses de David eran cada vez más los intereses de ellos, sus pensamientos y sentimientos con los de ellos; y lo mismo sus metas, sus esperanzas, sus deseos, su destino.
¡Su destino! Un terror vago, tremendo arrojó su oscura sombra sobre ella al pensar en esto. Un instinto de su corazón que ella temía más que a la muerte –porque la muerte significaba el dulce tránsito de su alma− iba relacionando cada vez más el pensamiento de él con el de los árboles; concretamente, con el de los árboles de este Bosque. A veces, antes de que pudieses hacerle frente, refutarlo, o acallarlo, descubría el pensamiento de él cruzando fugaz por su cerebro junto con el pensamiento del Bosque mismo, íntimamente unidos y trabados los dos, cada uno parte y complemento del otro, como un solo ser. >>

Blackwood

Maka

“EL VALLE PERDIDO” (frag.), Algernon Blackwood

<< Aceleró un poco el paso. El viento fresco que le había azotado la cara al principio de la tarde en las alturas seguía ahora con él, cuesta abajo, incitándole a seguir con deliberada urgencia, como si le empujase por detrás un millar de manos suaves. Y había espíritus en el viento, ese día. Oía sus voces; y distinguía allá abajo, por el movimiento de las copas de los árboles, cómo culebreaban pendiente arriba hacia él, a través de millas de bosque. (…) Algo que era ajeno a la vida, extraño, al menos, a la vida normal que había conocido hasta aquí, comenzaba a invadir solapadamente su alma agobiada…>>

 

Algernon Blackwood (1869-1951), escritor, periodista y narrador de radio inglés. Sus obras están consideradas como grandes obras maestras de la literatura de terror. Fue un prolífico autor de relatos fantásticos y cuentos de fantasmas.

Amante apasionado de la Naturaleza y entusiasta ocultista miembro de la Golden Dawn (junto a Aleister Crowley, Arthur Machen, William Butler Yeats, Bram Stoker, entre otros), ejerció gran influencia en H.P. Lovecraft iniciando éste su famoso relato “La llamada de Cthulhu” con la siguiente cita:
“Resulta concebible pensar en la supervivencia de tales poderes y criaturas […] una supervivencia de una época inmensamente remota en la que […] la consciencia estaba manifestada. quizá, en formas y figuras que desaparecieron hace mucho ante el avance de la humanidad […] formas de las que sólo la poesía y la leyenda captaron un fugaz recuerdo llamándolas dioses, monstruos, y criaturas míticas de todo tipo y especie…” -Algernon Blackwood

Falleció de una trombosis cerebral por arteriosclerosis.

Maka

“HALLAZGO DE LA VIDA”, César Vallejo

¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas.

Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le caería la lengua, se le caerían los huesos y correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de pie ante mis ojos.

Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, les diría que yo no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez.

Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: uién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido.

¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí!

Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann. Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera, diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra…». Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias.

¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.

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César Vallejo (16 de Marzo de 1892- 15 de Abril de 1938), poeta y escritor peruano.

Epitafio: “He nevado tanto para que duermas.”

Maka