“EL HOMBRE AL QUE AMABAN LOS ÁRBOLES” (frags.)II, Algernon Blackwood

<< (…) los árboles gritaban en la oscuridad. Había ruidos, también, como de estallidos de grandes velas, de mil a la vez; y de cuando en cuando, estampidos, parecían, más que otra cosa, el batir lejano de enormes tambores. Se pusieron en pie los árboles –toda la hueste sitiadora se puso en pie−, con el rugir de su millón de ramas propagando el mensaje atronador a través de la noche. Era como si hubiesen roto todas las ataduras. Arrastraban sus raíces por el campo y los setos y el tejado. Sacudían sus copas tupidas, bajo las nubes, con salvaje, alborozado movimiento de grandes ramas. Con el tronco vertical, corrían a saltos por el cielo. Había agitación y aventura en el tremendo fragor que producían, y sus gritos eran como el rugido de un mar que ha roto sus compuertas e inunda el mundo… >>

<< Y allá, muy lejos, oyó el bramido del Bosque. La voz de su marido sonaba con él. >>

“EL HOMBRE AL QUE AMABAN LOS ÁRBOLES” (frags.), Algernon Blackwood

<< −Y los árboles –prosiguió el otro−; detrás de una gran selva, por ejemplo –señalando el Bosque−, puede que haya una espléndida Entidad que se manifieste a través de los mil árboles individuales… una especie de inmensa vida colectiva, tan minuciosa y delicadamente organizada como la nuestra. Podría fundirse y mezclarse con la nuestra en determinadas condiciones, de manera que llegásemos a entenderla como ser, durante un tiempo al menos. Incluso podría tragarse la vitalidad humana en el inmenso remolino de su vasta vida durmiente. La atracción de una gran selva sobre un hombre puede ser tremenda, y totalmente irresistible. >>

<< (…) La vida de su marido se estaba ligando demasiado a los árboles, a todo cuanto representaban. Los intereses de David eran cada vez más los intereses de ellos, sus pensamientos y sentimientos con los de ellos; y lo mismo sus metas, sus esperanzas, sus deseos, su destino.
¡Su destino! Un terror vago, tremendo arrojó su oscura sombra sobre ella al pensar en esto. Un instinto de su corazón que ella temía más que a la muerte –porque la muerte significaba el dulce tránsito de su alma− iba relacionando cada vez más el pensamiento de él con el de los árboles; concretamente, con el de los árboles de este Bosque. A veces, antes de que pudieses hacerle frente, refutarlo, o acallarlo, descubría el pensamiento de él cruzando fugaz por su cerebro junto con el pensamiento del Bosque mismo, íntimamente unidos y trabados los dos, cada uno parte y complemento del otro, como un solo ser. >>

Blackwood

Maka

“EL VALLE PERDIDO” (frag.), Algernon Blackwood

<< Aceleró un poco el paso. El viento fresco que le había azotado la cara al principio de la tarde en las alturas seguía ahora con él, cuesta abajo, incitándole a seguir con deliberada urgencia, como si le empujase por detrás un millar de manos suaves. Y había espíritus en el viento, ese día. Oía sus voces; y distinguía allá abajo, por el movimiento de las copas de los árboles, cómo culebreaban pendiente arriba hacia él, a través de millas de bosque. (…) Algo que era ajeno a la vida, extraño, al menos, a la vida normal que había conocido hasta aquí, comenzaba a invadir solapadamente su alma agobiada…>>

 

Algernon Blackwood (1869-1951), escritor, periodista y narrador de radio inglés. Sus obras están consideradas como grandes obras maestras de la literatura de terror. Fue un prolífico autor de relatos fantásticos y cuentos de fantasmas.

Amante apasionado de la Naturaleza y entusiasta ocultista miembro de la Golden Dawn (junto a Aleister Crowley, Arthur Machen, William Butler Yeats, Bram Stoker, entre otros), ejerció gran influencia en H.P. Lovecraft iniciando éste su famoso relato “La llamada de Cthulhu” con la siguiente cita:
“Resulta concebible pensar en la supervivencia de tales poderes y criaturas […] una supervivencia de una época inmensamente remota en la que […] la consciencia estaba manifestada. quizá, en formas y figuras que desaparecieron hace mucho ante el avance de la humanidad […] formas de las que sólo la poesía y la leyenda captaron un fugaz recuerdo llamándolas dioses, monstruos, y criaturas míticas de todo tipo y especie…” -Algernon Blackwood

Falleció de una trombosis cerebral por arteriosclerosis.

Maka

“HALLAZGO DE LA VIDA”, César Vallejo

¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas.

Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le caería la lengua, se le caerían los huesos y correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de pie ante mis ojos.

Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, les diría que yo no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez.

Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: uién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido.

¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí!

Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann. Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera, diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra…». Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias.

¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.

——-

César Vallejo (16 de Marzo de 1892- 15 de Abril de 1938), poeta y escritor peruano.

Epitafio: “He nevado tanto para que duermas.”

Maka

“A MI HIJO”, Miguel Hernández

Miguel Hernández (30 de octubre de 1910- 28 de marzo de 1942) fue poeta y dramaturgo, uno de los escritores más importantes de la literatura española del siglo XX.

“A mi hijo” está dedicado a su primogénito, Manuel Ramón, que murió a los diez meses de edad, el 9 de octubre de 1938. La primera frase del poema parece presagiar lo que ocurriría con su propia muerte (no pudieron cerrarle los ojos al fallecer) que inspiraría “Elegía en la muerte de Miguel Hernández”, escrita por su gran amigo y gran poeta Vicente Aleixandre (1898-1984). Sobre la profunda amistad de ambos poetas, Editorial Espasa publicó en 2015 “De Nobel a novel. Epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernández y Josefina Manresa”.

El sublime poema sobrecoge por su profunda tristeza y te quiebra por dentro.
Es el siguiente:

Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío,
abiertos ante el cielo como dos golondrinas:
su color coronado de junios, ya es rocío
alejándose a ciertas regiones matutinas.

Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro,
como bajo la tierra, lluvioso, despoblado,
con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro,
como bajo la tierra quiero haberte enterrado.

Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas,
al fuego arrebatadas de tus ojos solares:
precipitado octubre contra nuestras ventanas,
diste paso al otoño y anocheció los mares.

Te ha devorado el sol, rival único y hondo
y la remota sombra que te lanzó encendido;
te empuja luz abajo llevándote hasta el fondo,
tragándote; y es como si no hubieras nacido.

Diez meses en la luz, redondeando el cielo,
sol muerto, anochecido, sepultado, eclipsado.
Sin pasar por el día se marchitó tu pelo;
atardeció tu carne con el alba en un lado.

El pájaro pregunta por ti, cuerpo al oriente,
carne naciente al alba y al júbilo precisa;
niño que sólo supo reir, tan largamente,
que sólo ciertas flores mueren con tu sonrisa.

Ausente, ausente, ausente como la golondrina,
ave estival que esquiva vivir al pie del hielo:
golondrina que a poco de abrir la pluma fina,
naufraga en las tijeras enemigas del vuelo.

Flor que no fue capaz de endurecer los dientes,
de llegar al más leve signo de la fiereza.
Vida como una hoja de labios incipientes,
hoja que se desliza cuando a sonar empieza.

Los consejos del mar de nada te han valido…
Vengo de dar a un tierno sol una puñalada,
de enterrar un pedazo de pan en el olvido,
de echar sobre unos ojos un puñado de nada.

Verde, rojo, moreno: verde, azul y dorado;
los latentes colores de la vida, los huertos,
el centro de las flores a tus pies destinado,
de oscuros negros tristes, de graves blancos yertos.

Mujer arrinconada: mira que ya es de día.
(¡Ay, ojos sin poniente por siempre en la alborada!)
Pero en tu vientre, pero en tus ojos, mujer mía,
la noche continúa cayendo desolada.

Maka

Mark Ryden, “Cámara de las maravillas”

El 6 de Enero, Día de Reyes, tuve la suerte de visitar en familia la retrospectiva (por primera vez en Europa) que el CAC de Málaga le dedicó al artista Mark Ryden (Oregón, EEUU, 1963), padre del Surrealismo Pop, del 16 de diciembre de 2016 al 5 de marzo de 2017.

La muestra titulada “Cámara de las maravillas”, comisariada por Fernando Francés, abarcó diferentes lienzos de pequeño y gran formato, dibujos, dioramas y varias esculturas.

Algunas fotografías de la muestra:

 

Maka

Exposición Colectiva “Edición Limitada”

Antes de nada, mis mejores deseos para todxs en este recién estrenado 2017.
¡Gracias por vuestras visitas y vuestro interés en el blog!

El año no podía empezar para mí de mejor manera y es que he visto dos magníficas exposiciones en la primera quincena de Enero: la (¡impresionante!) retrospectiva de Mark Ryden en el CAC de Málaga (próximo post), inmejorable regalo del día de Reyes, y la que da título a esta primera entrada del año.

Tuve la suerte de estar presente en la inauguración oficial en el Centro de Arte Joven Rey Chico, enclavado en uno de los lugares más bellos de la ciudad de Granada.

La muestra, hasta el 31 de Enero, está formada por obras de los alumnos del Ciclo Superior de Grabado y Estampación de la Escuela de Arte Granada (antigua Escuela de Artes y Oficios). Viendo la calidad de la muestra y la pasión con la que hablan los artistas de sus obras y de su oficio no dudo en que este es sólo el principio de un largo camino de éxitos.

Exposición "Edición Limitada"

Exposición "Edición Limitada"

Exposición "Edición Limitada"

Exposición "Edición Limitada"

Exposición "Edición Limitada"

Exposición "Edición Limitada"

Exposición "Edición Limitada"

Exposición "Edición Limitada"

Exposición "Edición Limitada"